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Varios ejércitos del mundo se fijan en los esports y los videojuegos como cantera de futuros soldados: una mezcla muy cuestionable
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Varios ejércitos del mundo se fijan en los esports y los videojuegos como cantera de futuros soldados: una mezcla muy cuestionable

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Hace poco, un medio danés contó la iniciativa que estaban desarrollando las fuerzas armadas del país para conocer en profundidad las habilidades que podían llegar a desarrollar los jugadores de videojuegos y los profesionales de esports. Para ello, el ejército de Dinamarca colaboró con Astralis, en concreto su exitosa división de Counter-Strike: Global Offensive (CS:GO), pero no ha sido la primera vez ni el único en realizar algo similar.

Durante 2018, pudimos contemplar cómo el ejército de los Estados Unidos se convirtió en el patrocinador oficial del equipo norteamericano de Cloud9 –en concreto la división de CS:GO- uno de los clubs más importantes del mundo. El acuerdo permitía a las Fuerzas Aéreas colaborar en la creación de “contenido único e integración”, así como un programa especial que se desarrollaría hasta mayo de 2019.

Haciendo gala del clásico patriotismo americano, en un vídeo donde no faltó una bandera ondeante a los dos segundos, la organización se mostró muy satisfecha con la firma entre ambas entidades: “Cloud9 se enorgullece de crear conciencia de la Fuerzas Aéreas para nuestra increíble base de fans”. “Con el desarrollo de un patrocinio dinámico con las Fuerzas Aéreas, seremos capaces de crear un contenido extraordinario que mostrará una cara totalmente diferente del equipo”, explicó Jack Ettiene, CEO y dueño de Cloud9, en alusión a la posibilidad de poder llevar a sus jugadores a experimentar un paseo en un caza militar.

“Estas son habilidades que podríamos usar”

Dentro del acuerdo entre Astralis y el ejército de Dinamarca también aparecen otros organismos oficiales como la E-sport Danmark, la federación de deportes electrónicos del país, que a su vez forma parte de la Federación Internacional de Esports (IeSF). Sin embargo, más allá de todo eso, queda una cuestión en el aire ineludible: ¿es ético que los ejércitos se acerquen a los jóvenes a través de los videojuegos?

Con el tiroteo de Nueva Zelanda, donde el terrorista se colocó una cámara en el casco con el objetivo de plasmar el horror en primera persona y desvirtualizarlo como una suerte de videojuego en el que era inevitable compararlo con muchos otros como Call of Duty o Battlefield, es más importante que nunca no romantizar la violencia, ni siquiera un poco.

Ángel Luis Sucasas, colaborador de Webedia y de El País, escribió acertadamente en la web del diario de tirada nacional lo siguiente: “Pegar o matar en un espacio de ficción es catarsis y goce y diversión consciente de ser solo eso. Ni mil asesinos como los de este viernes podrán pervertir esa verdad”. No obstante, iniciativas como las que llevó a cabo el ejército británico pone en serio riesgo este tipo de afirmaciones cuando desde las propias estructuras de marketing de la armada pretenden aludir a jugadores, milennials y toda clase de jóvenes.

Los gamers tienen habilidades sobre cómo estar y permanecer en calma bajo presión, reaccionar más rápido que otros jóvenes, tomar decisiones veloces, habilidad para el trabajo en equipo o una poderosa capacidad para la orientación y la visualización”, destacaba el Mayor Anders Bech, jefe de sección del Ministerio danés de la agencia personal de defensa. “Son habilidades que podemos usar”, sentenciaba.

Telemmglpict000184638474 Trans Nvbqzqnjv4bqur7qhtvevvo8rkbjfgah9obbtwun1wlmjvlqalskrzu Imagen de Kevin Lake

Una frontera endeble

A cualquiera con un poco de contacto con la industria le ha quedado claro que los videojuegos no tienen ninguna relación con que alguien pueda ser más o menos violento; no obstante, es demostrable que en muchos casos puede hacer que se entrenen habilidades sociales y otras como la coordinación mano ojo, la capacidad de respuesta y muchas otras desarrollables de mil maneras pero que se pueden entrenar fácilmente desde la niñez a través de los videojuegos.

El peligro latente en estas iniciativas desarrolladas desde los ejércitos es que encuentren en los gamers un filón explotable de futuros soldados a los que quieran seducir a través de propuestas de marketing que busquen apelar a aquellos que han estado en contacto con la industria desde pequeños y hayan desarrollado –al menos potencialmente- unas cualidades valiosas para la armada.

No es algo nuevo, desde luego, desde estos estamentos siempre han buscado apuntar directamente a los sentimientos o la necesidad para conseguir nuevos fieles para su causa. Como decía, no es difícil ver similitudes en el atroz suceso acaecido a mediados de marzo y algunos shooters de corte realista, pero las fronteras siempre deben quedar meridianamente claras entre lo que supone arrebatar una vida en el mundo real y acabar con un avatar online y ser recompensado con una puntuación.

Hay líneas rojas que han sido traspasadas por la búsqueda de un imaginario bien común

Podría caber la posibilidad de que sea un temor excesivo a los ejércitos, pero en pocos años ha habido las maniobras militares cuestionables suficientes como para saber que desde los departamentos de defensa –cuando la situación lo requiere- hay líneas rojas que han sido traspasadas por la búsqueda de un imaginario bien común. Desde luego, no me imagino el marketing como la salvaguarda infranqueable que les detenga.

Imagen original vía Cloud9, editada por Juan Garro

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